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Miztli, el gato del museo: el michi que conquistó Cholula

Miztli, el gato del museo: el michi que conquistó Cholula

Por José Herrera / Eprensa

Cholula, Pue. — De entre vitrinas, códices prehispánicos y turistas con guía en mano, se asoma un felino de mirada sabia y andar elegante. Se llama Miztli Ramírez Soto y no es cualquier gato: es el residente más querido del Museo Regional de Cholula, y también su guardián no oficial, guía espiritual, influencer local y, por supuesto, empleado del mes.

Lo que para otros fue un accidente del destino, para Miztli fue una herencia: nació en el museo en 2018, y desde entonces no ha salido de ahí. Su presencia se ha vuelto parte del recorrido cultural. Los visitantes no solo vienen por las piezas arqueológicas o las exposiciones temporales, sino también por la posibilidad de toparse con este michi siberiano de cinco kilos y 40 centímetros de encanto felino.

En Instagram, Miztli tiene su propio escaparate: @miztlimuseo, donde el personal del recinto comparte sus paseos entre vitrales, áreas verdes y hasta con visitantes. Como si fuera parte del inventario museístico, Miztli se desliza entre lo cotidiano y lo ceremonial, transformando su hogar en un territorio compartido entre el arte y las patitas suaves.

Michis institucionales

El fenómeno de los gatos adoptados en espacios formales —universidades, oficinas, talleres— no es nuevo, pero ha tomado fuerza en redes sociales. Fue la usuaria @rangel_brenda quien puso a Miztli en el mapa digital, al compartir su historia como respuesta a una publicación de @DiloConGatitoz sobre Nacho Stevens, el michi institucional de la Escuela Iberoamericana de Tijuana, quien lleva el hilarante cargo de “coordinador de caricias del departamento de asuntos sin importancia”.

Miztli no está solo en esta lista de empleados no humanos: su compañera Aruma, también felina, ostenta el título de jefa de control de plagas. Y en otras latitudes hay casos como Jocho Toreto, un perro que se convirtió en la mascota oficial de una constructora —fotografiado arriba de una camioneta de carga, supervisando la obra con mirada gerencial.

Un gancho peludo para la cultura

Más allá del humor, hay un fondo afectivo en estas historias: los animales callejeros que son adoptados por instituciones y se integran a la vida comunitaria generan entornos más amables, vínculos interpersonales más empáticos y, en muchos casos, se convierten en símbolos vivientes del lugar.

En el caso de Miztli, su sola presencia ya ha motivado a más de uno a visitar el museo. “Voy por el arte, pero me quedo por el gato”, bromea un usuario en X. Y no es poca cosa: en una época donde la experiencia cultural compite con TikTok y el streaming, un michi real que camina entre la historia también puede ser un embajador inesperado de la cultura.

Así que ya lo sabes: si visitas el Museo Regional de Cholula y te topas con un gato caminando con porte de emperador mexica, no lo distraigas. Está en horario laboral.

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