La noche del 20 de febrero de 2026, en ese club de pádel pretencioso de Isla Musalá, al norte de Culiacán, un par de tipos entraron y empezaron a disparar como si nada importara. Bernardo "N" se llevó la peor parte: lo acribillaron a quemarropa, cayó en un charco de su propia sangre espesa y murió después, jadeando en el hospital como un perro viejo.
Dos más quedaron tirados, uno tal vez Juan Carlos "N", el otro una mujer o lo que fuera, con agujeros en la carne y la vida colgando de un hilo entre sirenas y mierda. El Ejército llegó a acordonar el desastre, la Fiscalía recogió casquillos y pedazos de gente.
Nadie agarrado, nadie sabe por qué. Otra noche más en esta ciudad podrida donde la gente se mata por nada y al día siguiente sigues bebiendo solo, esperando que te toque a ti. El mundo es así: brutal, estúpido y sin sentido.

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