Cuando los principios estorban en la calculadora
Ahora los políticos cambian de partido como el
color de sus calzones
Rodolfo Herrera Charolet
La incorporación de Blanca Alcalá Ruiz al
Partido Acción Nacional no es un simple cambio de siglas; es el síntoma visible
de un sistema político donde la lealtad ideológica ha sido sustituida por la
calculadora de los rendimientos electorales o de las oportunidades de
perpetuarse en el poder basado en elecciones.
La búsqueda de supervivencia electoral, no es
nuevo. Cambiar de partido como el color de sus calzones, es lo cotidiano. Así
que no pretendo estigmatizar este hecho, simplemente ponerlo como un ejemplo de
la falta de principios, en donde la búsqueda del poder lo justifica todo… bueno
según aquellos que tomas esas decisiones.
Blanca Alcalá, nacida en 1961 en Tlaxcala, hechora
del ex gobernador Manuel Bartlett Díaz, militante del PRI desde 1981, ocupó
cargos que van desde diputada local hasta senadora, alcaldesa de Puebla —la
primera mujer en ese puesto—, embajadora en Colombia y candidata a la
gubernatura en 2016, donde obtuvo el 33.5% de los votos. Cuarenta y cinco años
de fidelidad tricolor terminaron el 10 de febrero de 2026, cuando formalizó su
adhesión al PAN en presencia del dirigente nacional Jorge Romero Herrera y del
estatal Mario Riestra Piña. Ahora ocupa la cartera de "alianzas
estratégicas" en el Comité Ejecutivo Nacional, con el mandato de enlazar
al partido con la sociedad civil y aumentar su afiliación.
Pero que tiene Blanca Alcalá de relación con
la “sociedad civil”, en mi opinión nada, por el contrario, su fuerte es la
relación que aún existe en los prístas que pretenden sostener el barco.
El
propio Romero no descartó que pueda contender por la presidencia municipal de
Puebla en 2027, (Principios en oferta: 2x1 con candidatura incluida) aunque
ella insistió en que su adhesión responde a "causas y no a cargos".
En
el Congreso local de Puebla, la noticia dividió opiniones de manera predecible.
Sectores del PAN, particularmente aquellos cercanos al exalcalde Eduardo Rivera
Pérez, manifestaron su inconformidad ante la llegada de una figura histórica
del PRI, rival histórico del panismo. Otros la ven como un refuerzo necesario
en un panorama donde la oposición enfrenta a Morena. Porque bien se dice que el
enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y ahora muy cercano al día del amor, en la
guerra y el amor todo se vale.
Diputados
priistas (perdón… la diputada priísta que queda) minimizaron el impacto,
argumentando que Blanca Alcalá ya no representaba un liderazgo relevante en su
antiguo partido. La verdad… es cierto. Así que de lo perdido lo que se
encuentre. La candidatura a la presidencia municipal no le vendrá mal, será
como un nuevo aire, aunque ahora si vestirse de azul no le dará comezón.
Desde
Morena, las reacciones variaron entre el desdén y la observación estratégica.
El lenguaje oficial invoca "valores democráticos",
"libertad" y "unidad por Puebla", pero el movimiento revela
una verdad más cruda: en la política mexicana contemporánea, los partidos
funcionan menos como vehículos de principios y más como el transporte púbico o
las plataformas intercambiables y que en todos los casos se usan para lograr acceso
al poder.
Esta
migración no es excepcional; es el patrón. Figuras con trayectoria consolidada
abandonan siglas históricas cuando estas dejan de ofrecer viabilidad electoral,
migrando hacia formaciones que prometen mayor competitividad en el corto plazo.
Las diferencias programáticas entre PRI y PAN —una vez antagónicas en temas
como el origen del poder, el rol del Estado o las alianzas internacionales— se
diluyen en el pragmatismo del cálculo electoral.
Primero
el negocio político —la candidatura, el cargo, la influencia—, y luego la
fachada partidista: el color que mejor sirva para mantener la relevancia. En un
sistema donde la reelección y las alianzas coyunturales dominan, la coherencia
ideológica que debiera vestir a sus actores políticos se convierte en un lujo
prescindible.
El
ciudadano observa este espectáculo con una mezcla de resignación y cinismo
creciente. No se trata de traición personal —Blanca Alcalá, como tantos otros,
actúa dentro de las reglas no escritas del juego—, sino de la erosión
estructural de la democracia representativa. Cuando los partidos se reducen a
marcas comerciales y los políticos a mercancías que cambian de estantería según
la demanda del mercado electoral, lo que se pierde no es solo la lealtad a una
causa, sino la posibilidad misma de que la ciudadanía identifique opciones
genuinas.
En
este teatro de tránsitos oportunistas, la verdadera oposición no reside en
siglas que se intercambian, sino en la vigilancia crítica de quienes aún creen
que el poder debe servir al interés público y no al revés.
Creo entonces, que haber invertido más de una
década para separarme de un pasado partidista, ha resultado ser una mala
decisión, porque otros, sin mayor remordimiento con los bolsillos llenos
compran las candidaturas que mejor les place. Desde luego en un mercado sujeto
a la oferta y demanda… electoral.
¿O no lo cree usted?
P.D. La mañana de ese 10 de febrero, una mujer
frente a su closet buscó la prenda adecuada, el rojo, el naranja, blanco…? Finalmente,
al fondo, entre otras tantas prendas un azul marino. El traje idóneo para la
ocasión. Mi pregunta será, si en campaña la veremos algún día con vestimenta
roja… estaré pendiente. Poner aquí un emoji de dientes para afuera (Grimacing
Face).

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