Parásitos y Pensiones
Ahora si diputados aprobaron el final
de privilegios
Rodolfo Herrera Charolet
Ahora sí llega el fin de la manutención de parásitos de la
aristocracia mexicana. Con el aval de 18 congresos estatales, la reforma al
artículo 127 de la Constitución ya tiene vía libre. En pocos días el Senado
emitirá la declaratoria de validez y el decreto se publicará en el Diario
Oficial de la Federación.
A partir de la publicación, ninguna pensión financiada con
recursos públicos otorgada en Pemex, CFE, Luz y Fuerza del Centro, Nacional
Financiera y otras entidades paraestatales o de banca de desarrollo podrá
superar los 70 mil pesos mensuales, equivalente a la mitad de la remuneración
de la Presidenta de la República. Aunque en la reforma no se incluye el Poder
Judicial.
Durante décadas estos organismos fueron desangrados por
pensiones obscenas, como si se alimentara a vampiros con sangre de reses en el
matadero. En la extinta Luz y Fuerza del Centro, liquidada en 2009, tres
exdirectivos, se dice que cobraban más de un millón de pesos al mes: Jorge
Evodio Chapa de la Torre recibía 1 millón 77 mil 533 pesos; Édgar Velázquez
Buitrón y Kenneth Smith Jacobo superaban el millón 37 mil pesos cada uno. Otros
seis exdirectivos percibían más de 900 mil pesos mensuales. En total, alrededor
de 9 mil 457 jubilados —casi el 67 por ciento del padrón— recibían entre 100
mil y un millón de pesos.
En Pemex los montos tampoco eran modestos. Carlos Arturo
Sánchez Magaña cobraba 1 millón 107 mil 361 pesos mensuales; Salvador Quero
García 987 mil 978 pesos; Jorge Ernesto Moreno Tovar 976 mil 512 pesos y Jorge
Luis Talamantes Montoya 972 mil 626 pesos.
La Comisión Federal de Electricidad reportaba casos por
encima de los 400 mil pesos, mientras que en Nacional Financiera y otras
instituciones de banca de desarrollo las pensiones altas oscilaban entre 200
mil y 280 mil pesos.
Para tener una peregrina idea del tamaño del boquete y del abuso,
basta comparar con la realidad de un trabajador común. El salario mínimo
general en 2026 es de 315.04 pesos diarios, lo que equivale a unos 9 mil 582
pesos mensuales. Una pensión de un millón de pesos representaba más de 100
veces ese ingreso. En otras palabras, una sola de esas jubilaciones millonarias
equivalía al sueldo mensual combinado de más de cien trabajadores que ganan el
mínimo.
Era un traslado directo de recursos públicos a una élite
técnica y política.
La reforma pone un candado de acero. El ajuste será inmediato
para las pensiones que excedan el tope. El gobierno federal calcula un ahorro
anual de 5 mil millones de pesos. Ese dinero se destinará a programas sociales
y de bienestar. En términos prácticos, significa que recursos que antes
sostenían a unos cuantos ahora podrán apoyar a cientos de miles de personas a
través de las políticas públicas.
La aprobación avanzó con rapidez.
Dieciséis congresos locales la avalaron por unanimidad:
Chiapas, Tabasco, Ciudad de México, San Luis Potosí, Sinaloa, Veracruz, Sonora,
Nayarit, Baja California Sur, Michoacán, Colima, Puebla, Guerrero, Campeche,
Hidalgo y Quintana Roo. Baja California la aprobó con 20 votos a favor y cuatro
en contra. Zacatecas lo hizo con 19 a favor, dos en contra y una abstención.
Con 18 entidades a favor se superó el requisito constitucional.
Los afectados, principalmente exfuncionarios de confianza,
han expresado su inconformidad. Argumentan que se trata de derechos adquiridos
bajo contratos colectivos históricos.
Sin embargo, la reforma avanza con mayoría calificada en el
Congreso de la Unión y respaldo mayoritario en los congresos estatales. No toca
las pensiones de las Fuerzas Armadas ni las derivadas de aportaciones
individuales o sindicales en cuentas personales.
El pasivo laboral de Pemex, por ejemplo, había crecido de
manera preocupante en años recientes, en parte por estas obligaciones. La
reforma busca ordenar el gasto y evitar que las jubilaciones de élite de la
burocracia sigan pesando sobre el presupuesto federal.
En Luz y Fuerza del Centro el costo anual superaba los 28 mil
millones de pesos solo para sus más de 14 mil jubilados.
Con esta medida México da un paso concreto hacia la
austeridad real. Se termina la era en la que el servicio público servía como
vía rápida para acumular privilegios de retiro. El contribuyente, que durante
años financió estas pensiones millonarias, verá cómo esos recursos regresan al
circuito productivo y social.
Cinco mil millones de pesos anuales no son una cifra menor:
equivalen a fortalecer programas que benefician directamente a la población.
El proceso legislativo culmina estos días. Las entidades
paraestatales tendrán que ajustar sus pagos conforme al nuevo marco
constitucional. Para miles de pensionados de confianza el cambio será
significativo: de montos superiores al millón a un tope cercano a los 70 mil
pesos. Para el país representa un reequilibrio necesario entre el gasto en
prestaciones de élite y las necesidades colectivas.
El ocaso de estas pensiones doradas cierra un capítulo
incómodo de la administración pública mexicana. Ya no habrá más minas de oro
disfrazadas de prestaciones laborales. El presupuesto público dejará de
sostener un sistema de castas financieras y empezará a responder con mayor
equidad a las demandas reales de la sociedad. Es un ajuste directo, sin rodeos,
que prioriza el interés general sobre los privilegios históricos.
¿O no lo cree usted?
P.D. Otras
declaraciones oficiales afirman que los montos de pensiones son erróneos y que
no superan los 200 mil pesos mensuales. Para el caso sigue siendo un abuso y
desproporcional al común de los millones de jubilados.


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