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Ricardo Salinas el Empresario de la Extorsión

 


Empresario de la Extorsión

Televisora como instrumento de presión y el fin de un esquema de corrupción

Rodolfo Herrera Charolet

El magnate mexicano Ricardo Salinas Pliego, conocido en amplios sectores como el empresario de la extorsión, ha consolidado su imperio mediático y financiero mediante prácticas que combinan favores políticos del pasado con presiones sistemáticas en el presente.

Durante la época de Carlos Salinas de Gortari, en 1993, Salinas Pliego adquirió TV Azteca a través de la privatización de los canales de Imevisión. La operación contó con un préstamo directo de 29.7 millones de dólares otorgado por Raúl Salinas de Gortari, hermano del entonces presidente, lo que permitió al empresario encabezar la compra de la televisora estatal convertida en privada. Ese respaldo inicial, sumado a contratos millonarios con gobiernos federales y estatales a lo largo de décadas, permitió que el grupo se consolidara no solo como un medio de comunicación, sino como una herramienta para obtener utilidades extraordinarias y asegurar promoción de espectáculos, congresos y eventos diversos a cambio de cobertura favorable.

Los gobiernos de los estados, incluido el de Puebla desde finales de los años ochenta, han sido objeto de convenios publicitarios y de servicios que alcanzaron montos superiores a los mil cien millones de pesos en distintos periodos. Durante administraciones anteriores, como la de Mario Marín Torres entre 2006 y 2008, se destinaron más de 23.5 millones de pesos solo en publicidad con TV Azteca, además de donativos y financiamiento para festivales y proyectos culturales vinculados al grupo.

Estos contratos millonarios no solo financiaron la expansión del conglomerado, sino que establecieron un patrón: cuando los gobiernos se negaban a renovar o ampliar los acuerdos, la narrativa crítica de TV Azteca se intensificaba de manera constante, convirtiendo la información en un instrumento de presión conocido como cobro de piso mediático.

En el caso reciente de Puebla, la empresa exigió contratos por dos mil 350 millones de pesos en publicidad, telecomunicaciones y arrendamiento de equipos; al ser rechazados por la actual administración, inició una campaña sistemática de descrédito contra el gobierno estatal.

La consolidación del grupo no estuvo exenta de graves irregularidades fiscales y financieras. Salinas Pliego arrastró durante más de dos décadas litigios con el SAT por impuestos no pagados, con adeudos que superaron inicialmente los 51 mil millones de pesos. Tras perder los juicios definitivos, el empresario se vio obligado a pagar 32 mil 132 millones de pesos: un primer abono de 10 mil 400 millones ya entregado y el saldo restante en 18 mensualidades hasta 2027.

Paralelamente, el grupo reportó presuntas pérdidas millonarias mientras acumulaba deudas externas. En Estados Unidos, enfrenta compromisos por más de 580 millones de dólares con acreedores extranjeros derivados de bonos emitidos en 2017 por 400 millones, cifra que creció con intereses y que ha llevado a TV Azteca a un concurso mercantil voluntario. Además, ha tenido que depositar fianzas millonarias, como los 25 millones de dólares para evitar medidas cautelares en litigios con empresas como AT&T.

El sistema de “paguitos” de Banco Azteca y Elektra representa otro pilar controvertido del modelo de negocios. Ofrecido como créditos accesibles para sectores populares, ha sido señalado por prácticas de agiotismo que superan los estándares internacionales de protección al consumidor, con tasas de interés elevadas y mecanismos de cobro agresivos que generan endeudamiento excesivo en familias de bajos ingresos.

Estas operaciones, combinadas con la utilización de TV Azteca para generar narrativas negativas cuando no se concretan convenios, configuran un esquema de extorsión que el gobierno del estado de Puebla, encabezado por Alejandro Armenta, decidió enfrentar de manera directa al cancelar los contratos millonarios propuestos.

El enfrentamiento en redes sociales entre el coordinador del gabinete estatal José Luis García Parra y Ricardo Salinas Pliego marca el punto culminante de esta confrontación.

García Parra exhibió con hechos las corruptelas históricas y las presiones actuales, mientras el empresario respondió con expresiones soeces desde un pedestal de soberbia e impunidad al que se acostumbró durante décadas. El triunfo de García Parra radica en la evidencia irrefutable de los hechos y en la exposición de la manera vulgar con que el empresario trata a los funcionarios públicos.

El gobierno de Alejandro Armenta ha evidenciado así la corrupción imperante y la extorsión sistemática de la que era objeto el estado al negarse a continuar con millonarios contratos, poniendo fin a un esquema que priorizaba intereses privados sobre el interés público.

¿O no lo cree usted?

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