¿Quién defiende a Sheinbaum?
La soberanía real de México. Los
hechos frente a la retórica alarmista
(Parte I)
Rodolfo Herrera Charolet
Hace unos años, mi hijo, doctor en filosofía me ilustró sobre
el uso de falacias en la construcción de narrativas contra el gobierno
establecido, por lo general utilizados por los dirigentes políticos desplazados
de sus antiguos privilegios.
Así que no resulta extraño que Grupo Salinas invitara a una
excelente oradora española a su reunión anual empresarial, en un foro que
prácticamente confirma el discurso antigobiernista de su principal promotor y
dueño del grupo al que pertenece TV Azteca. Que se difunde como parte de una
estrategia de causar indignación en contra del gobierno mexicano.
Así que, tras analizar el discurso de la ponente con ese
enfoque de encontrar falacias más que justificar mi indignación, son evidentes
al menos una decena de falacias, que permitieron la construcción de una
narrativa coherente y emotiva, pero que debilitan la solidez lógica del
argumento, al priorizar el impacto retórico sobre el análisis equilibrado de
nuestra realidad.
Para la mayoría de quienes lean con atención el discurso
pronunciado ante el Grupo Salinas encontrará una narración hábilmente
construida, pero frágil cuando se confronta con los datos. La oradora afirma
que la soberanía mexicana está amenazada principalmente por tres enemigos
internos: el crimen organizado, el populismo autoritario y una supuesta
mentalidad de dependencia.
La analista presenta un panorama de colapso casi terminal.
Sin embargo, una revisión objetiva de las tendencias recientes revela que
México avanza, con dificultades, pero con resultados medibles, en el
fortalecimiento efectivo de su soberanía.
En materia de seguridad, las cifras desmienten la idea de un
Estado que ha cedido territorio al crimen. De septiembre de 2024 a enero de
2026, los homicidios dolosos se redujeron en un 42%, lo que equivale a 36
asesinatos menos por día.
Enero de 2026 registró el promedio diario más bajo desde
2016. El primer trimestre de 2026 marcó el nivel más bajo de homicidios en diez
años, con un promedio cercano a 50.8 casos diarios.
El Índice de Paz México reportó la mayor mejora histórica en
2025, con una disminución del 5.1% en violencia letal. Estas no son cifras de
un país donde el narco ejerce el monopolio de la fuerza, sino de un Estado que,
mediante una estrategia de desarticulación de redes y golpes de precisión, está
recuperando control territorial.
Ciertamente persisten desafíos graves: las desapariciones
siguen siendo un problema doloroso y las madres buscadoras merecen toda la
atención del Estado. Pero convertir estos dolores en prueba de un “narcoestado”
generalizado ignora el progreso cuantificable.
Los cárteles no cobran impuestos en la mayoría del territorio
nacional ni deciden quién gobierna. La narrativa de 200 mil asesinatos en el
“último sexenio” como evidencia de complicidad estatal omite que la tendencia
descendente se consolidó precisamente en los años recientes.
El Estado no está ausente; está actuando y obteniendo
resultados.
En los últimos años (2024-2026), el país ha logrado avances
significativos en control territorial y seguridad. El Índice de Paz México 2026
registró una mejora histórica del 5.1%, la mayor en al menos una década y el
sexto año consecutivo de progresos. Esto refleja un mayor control estatal y una
reducción sostenida en varios indicadores de violencia.
En el ámbito económico, el Plan México y la estrategia de
nearshoring buscan fortalecer el mercado interno, elevar salarios, impulsar la
producción nacional y reducir importaciones.
Los resultados son concretos:
México mantiene uno de los índices de desempleo más bajos del
mundo (alrededor del 2.5%), récord histórico en la Bolsa Mexicana de Valores,
crecimiento del turismo del 13.6%, aumento del 13% en el salario mínimo y una
balanza comercial favorable.
Todo ello orientado a atraer inversión extranjera directa y
generar empleos de alto valor.
En materia energética, la Estrategia para Fortalecer la
Soberanía Energética 2026 ha impulsado importantes inversiones públicas en
infraestructura, gasoductos, exploración y el fortalecimiento de PEMEX y CFE.
El objetivo es reducir la dependencia de importaciones de gas
y avanzar hacia una mayor autosuficiencia, en línea con el Plan Nacional de
Desarrollo 2025-2030.
En política exterior, México mantiene una postura de
independencia y respeto mutuo con Estados Unidos, priorizando el control de
fronteras, la soberanía alimentaria y tecnológica, y preservando su autonomía
en foros internacionales.
A pesar de estos avances, persisten desafíos importantes.
Respecto al llamado “populismo autoritario”, el orador
describe una captura total de instituciones. Habla de la elección judicial de
junio de 2025 como un vaciamiento de la democracia. Es cierto que la
participación fue baja, alrededor del 13%. Pero esa elección representó la
ampliación inédita del principio democrático a un poder que históricamente se
designaba entre élites judiciales.
La independencia judicial no se mide solo por el método de
selección de jueces, sino por su capacidad de impartir justicia al ciudadano
común. Reducir la reforma a “zorro cuidando gallinas” es una simplificación
retórica que no resiste el escrutinio de los hechos institucionales.
No fue un golpe de Estado, sino una reforma aprobada
constitucionalmente y sometida al voto popular. Freedom House califica a México
como “parcialmente libre” con 58 puntos sobre 100, una calificación estable que
refleja problemas estructurales de violencia y corrupción, pero también
evidencian la continuidad de alternancia partidista, elecciones competitivas y
pluralismo político real.
México no vive bajo una dictadura. Tiene un Congreso plural,
gobernadores de oposición, medios críticos y una sociedad civil activa. Afirmar
que se ha desmantelado sistemáticamente el Estado de Derecho ignora que las
instituciones, aunque imperfectas, siguen funcionando como contrapesos.
En cuanto a la “mentalidad de dependencia”, el argumento más
ideológico del discurso, los datos son aún más contundentes. Según las
mediciones oficiales del Coneval y el Inegi, la pobreza multidimensional bajó
de 46.8 millones de personas en 2022 a 38.5 millones en 2024, una reducción de
8.3 millones. La tasa nacional se ubicó en 29.6%, la más baja en la serie
histórica.
La pobreza extrema también disminuyó significativamente.
Estas políticas de transferencia directa, combinadas con el incremento
sostenido del salario mínimo, han fortalecido el consumo interno y reducido la
pobreza laboral a niveles récord en varias mediciones.
Nadie niega que una política social mal diseñada puede
generar dependencia. Pero calificar de “ogro filantrópico” a un modelo que ha
sacado a millones de la pobreza extrema es desconocer su impacto en la
soberanía individual.
Un ciudadano con ingresos básicos, acceso a salud y educación
tiene más capacidad real de decidir su destino que uno atrapado en la miseria.
La verdadera dependencia no la genera quien recibe apoyo temporal; la genera
quien vive sin oportunidades. México combina hoy inclusión social con una
estrategia de nearshoring que atrae inversión extranjera.
Eso no es dependencia; es pragmatismo soberano.
La soberanía, en su sentido profundo, no es solo ausencia de
injerencia extranjera.
Es la capacidad del Estado de garantizar seguridad,
prosperidad y libertad a sus ciudadanos.
México enfrenta desafíos reales: violencia residual,
desigualdad regional, debilidades institucionales. Pero reducir su realidad a
tres flagelos catastróficos es una distorsión estratégica. Ignora el descenso
histórico de la violencia letal, la reducción de la pobreza y la continuidad de
procesos democráticos.
Quien verdaderamente defiende la soberanía mexicana no es
quien grita más fuerte contra supuestos enemigos externos o internos, sino
quien reconoce avances, corrige errores y construye sobre lo logrado.
México no necesita salvadores externos ni discursos
apocalípticos. Necesita continuidad en las políticas que están dando
resultados, mayor eficiencia en la ejecución y una oposición responsable que
proponga alternativas en lugar de narrativas de colapso.
La verdadera prueba de soberanía vendrá en los próximos años:
consolidar la baja en homicidios, traducir la reducción de pobreza en
crecimiento económico sostenido y fortalecer instituciones con transparencia y
rendición de cuentas.
México tiene los recursos, la posición geoestratégica y la
resiliencia histórica para lograrlo. Frente a la retórica inflamada, los hechos
muestran un país que, paso a paso, recupera control sobre su destino.
¿O no lo cree usted?


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