En política, eso se llama “plazo”. En la práctica, es el tiempo que tarda un partido en confirmar lo que ya todos estaban comentando en voz baja.
La legisladora dijo que respetará el fallo y que desistió de ir a la Sala Superior del TEPJF. El gesto se presentó como lealtad a los procesos internos. También puede leerse de otra manera: a veces es más elegante esperar el dictamen de casa que pelearlo en público y salir fotografiada golpeando la puerta que uno mismo ayudó a abrir.
Mientras Morena deliberaba con cara de tribunal, el PT en Puebla ya acomodaba una silla. Lizeth Sánchez García adelantó que Salvatori sería bienvenida si el guinda decide que ya no cabe.
La hospitalidad, claro, no es inmediata ni romántica: cualquier llegada tendría que pasar por los acuerdos entre ambos partidos. En la 4T, hasta el exilio tiene reglamento.
Así queda el tablero. Salvatori afirma disciplina. Morena conserva el expediente. El PT sonríe con reserva. Y el futuro político de la diputada, que ayer parecía asunto de militancia, hoy depende de un órgano que no se llama urnas, sino Comisión de Honestidad y Justicia.
Quince días. Suficientes para una resolución. Y más que suficientes para que nadie finja sorpresa.
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