“Me voy a congelar”: la tragedia de Paolo Sánchez en el Iztaccíhuatl revela los vacíos de un sistema indiferente
21 de julio de 2025 En la vastedad helada del Iztaccíhuatl, donde el viento corta como navaja y la noche se traga a los imprudentes, un adolescente de 14 años, Paolo Sánchez Carrasco, encontró su fin. Sus últimas palabras, grabadas en un video que circula como un eco lúgubre en las redes sociales, fueron un presagio: “Me voy a congelar, no traigo ni siquiera sleeping bag”. A 4,780 metros de altitud, en el paraje conocido como Dos Portillos, el frío implacable del volcán, apodado “La Mujer Dormida”, lo venció. Paolo, un joven de Coyoacán, Ciudad de México, murió de hipotermia el 19 de julio de 2025, tras una travesía en solitario que expone no solo su temeridad, sino los vacíos de un sistema que permitió que un menor se enfrentara solo a una montaña implacable. El 12 de julio, Paolo salió de su hogar en la colonia Romero de Terreros, sin compañía, sin equipo térmico, con apenas una botella de agua, dos barras energéticas y una mochila. Su destino era el Parque Nacional Iztaccíhuatl-Popocatépetl, un coloso de 5,215 metros que exige preparación y experiencia. Ese mismo día, se registró en el refugio de Paso de Cortés, un punto de partida para alpinistas, pero nadie lo detuvo. Nadie cuestionó por qué un adolescente de 14 años ascendía solo, sin ropa adecuada ni herramientas de supervivencia. La burocracia, esa maquinaria ciega que todo lo engulle, falló en su primer eslabón: la supervisión. Durante su ascenso, Paolo grabó un video que hoy es su epitafio digital. Con una mezcla de humor negro y calma inquietante, reconoció el peligro: “Resulta y resalta que aquí la noche se pasa en menos dos grados… no mames, me voy a congelar”. Habló de la lejanía de los refugios, de la ausencia de un sleeping bag, de su aislamiento en la ruta del Cerro de Altzomoni. Usuarios en redes sociales, al analizar la grabación, señalaron que su voz pausada y sus frases entrecortadas podrían indicar los primeros síntomas de hipotermia: desorientación, confusión, una calma engañosa que precede al colapso. “Si todo sale bien… besos en el ano a todos”, dijo con sarcasmo, sin pedir ayuda, como si la montaña fuera un juego que podía ganar. La Brigada de Rescate del Socorro Alpino de México lo encontró en su camino, pero no logró disuadirlo de continuar. Ángela de León, una excursionista que ascendía con su pareja, relató en redes sociales que los brigadistas les advirtieron sobre un menor solo, con equipo insuficiente. Le dieron una manta térmica de emergencia, pero Paolo, con casi una hora de ventaja, siguió avanzando. Una tormenta los atrapó, impidiéndoles alcanzarlo. “Siento que debieron persuadirlo de subir”, escribió Ángela, señalando una falla crítica: la falta de autoridad para detener a un menor en una situación de riesgo evidente. La Alerta Amber, emitida por la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México, llegó tarde, el 16 de julio, cuatro días después de que Paolo fuera visto por última vez en Coyoacán. ¿Por qué la demora? ¿Qué falló en la cadena de responsabilidad familiar, institucional, social? La búsqueda, coordinada por Socorro Alpino, Protección Civil, la Secretaría de Marina y otras corporaciones, culminó el 19 de julio con el hallazgo del cuerpo en una zona de difícil acceso, a 4,780 metros de altitud. Los rescatistas, en un video que muestra el descenso de la camilla con el cuerpo cubierto, expresaron su pesar: “Emergencia finalizada. Nuestras sinceras condolencias”.
Este no es un caso aislado. En marzo de 2022, el Iztaccíhuatl cobró otra vida: Erick Ricardo García García, un alpinista de 30 años, cayó en una barranca en el lado poblano del volcán, en la ruta de Dos Aguas. Su cuerpo fue recuperado en condiciones similares, tras un rescate complicado por el terreno y el clima. Ese año, las autoridades de Puebla y el Estado de México reportaron al menos tres incidentes de excursionistas extraviados o heridos en la zona, evidenciando la falta de controles estrictos en el acceso a rutas de alta montaña. En 2022, además, las redes sociales ya jugaban un papel ambiguo: mientras grupos de montañistas usaban plataformas como X para coordinar búsquedas, otros, como los caciques digitales, difundían rumores y desinformación que entorpecían los esfuerzos. La tragedia de Paolo repite este patrón, con su video viralizado, que, aunque sensibilizaron, no evitaron el desenlace. El caso de Paolo Sánchez destapa las grietas de un sistema que no protege a sus más vulnerables. ¿Cómo un menor de 14 años accedió a una ruta de alta montaña sin supervisión? ¿Por qué los protocolos en Paso de Cortés no incluyen restricciones para menores no acompañados? ¿Qué rol jugaron las redes sociales, donde Paolo narró su aventura como si fuera un juego, sin que nadie interviniera? La hipotermia, según la Mayo Clinic, es una emergencia médica que comienza con temblores y confusión, y termina en fallo cardiorrespiratorio. Paolo, en su video, ya mostraba signos de desorientación, pero nadie lo detuvo. En el México de 2025, donde la violencia urbana —como los feminicidios que nunca se resuelven— convive con la indiferencia institucional, la muerte de Paolo es un recordatorio brutal: el sistema no solo falla en las calles, sino también en las cumbres. Mientras el cacique digital amplifica la tragedia con hashtags y el opositor de cartón lanza críticas vacías, el verdadero poder —el que permite que un adolescente se pierda en un volcán sin que nadie lo note— permanece intacto, frío como la noche que mató a Paolo.
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