Tipos del poder: La primera dama de barrio
Por Carlos Charis
La primera dama de barrio no usa corona, pero su reinado es indiscutible. Su palacio es la esquina de la colonia, el puesto de tamales, la reunión del comité vecinal. Se mueve entre la vecindad como pez en el agua, con sonrisa de foto oficial y palabra afilada que no perdona. No necesita tÃtulo ni cargo; su poder brota del rumor, del chisme y del voto cautivo.
Es la jefa informal, la que sabe quién es quién, quién debe a quién y quién tiene miedo. Su poder se ejerce con una llamada, un apoyo otorgado a medias, un “yo te ayudo si tú me ayudas”. Maneja favores y rencores como un artesano de la polÃtica de barrio.
No tiene oficina, pero controla la agenda de candidatos, influye en las decisiones municipales y sabe dónde están las cámaras cuando hay que salir en la foto. Sabe que su fuerza está en la cercanÃa, en la lealtad condicionada y en el conocimiento Ãntimo de la vida cotidiana.
La primera dama de barrio no juega limpio ni sucio: juega a su modo. Es la reina de un reino pequeño, pero con alcance para cambiar el rumbo de una elección o una obra pública.
Y aunque no aparece en los titulares, su sombra es larga y pesa en cada esquina.
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