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Evolución del Territorio en el Siglo XX y XXI en el Municipio de Puebla

201.-Evolución del Territorio en el Siglo XX y XXI en el Municipio de Puebla


En las dĆ©cadas centrales del siglo XX, el Municipio de Puebla experimentó una transformación radical que redefinió su fisonomĆ­a territorial, económica y social. El punto de inflexión mĆ”s dramĆ”tico ocurrió el 30 de octubre de 1962, cuando el XLI Congreso del Estado promulgó un decreto que suprimió cinco municipios perifĆ©ricos —San Jerónimo Caleras, San Felipe Hueyotlipan, San Miguel Canoa, La Resurrección y San Francisco TotimehuacĆ”n— e integró sus territorios como juntas auxiliares al municipio capital.
 Esta anexión casi triplicó la superficie del municipio, pasando de aproximadamente 182 km² a 524 km². La medida se justificó oficialmente como un impulso al desarrollo industrial, al aprovechar el corredor de la naciente autopista MĆ©xico-Puebla para atraer inversión. Sin embargo, enfrentó resistencias locales. Tres de los cinco municipios afectados manifestaron oposición explĆ­cita, argumentando pĆ©rdida de autonomĆ­a y recursos. DĆ©cadas despuĆ©s, comunidades como las de San Francisco TotimehuacĆ”n siguen denunciando que la promesa de progreso se convirtió en marginación, con inspectorĆ­as sumidas en pobreza y rezago.
Esta expansión territorial coincidió con la llegada de la industrialización automotriz. En 1964-1965, Volkswagen instaló su planta en Cuautlancingo, pero el impacto se extendió directamente al norte del municipio de Puebla, donde se consolidó el corredor industrial. La industria automotriz y metalmecÔnica se convirtieron en el motor económico, atrayendo mano de obra del campo y generando un explosivo crecimiento demogrÔfico y urbano. La población del municipio creció de manera sostenida: de alrededor de 300 mil habitantes en los años 50 a mÔs de 700 mil en los 70, y superando el millón en las primeras décadas del siglo XXI. Barrios y colonias populares brotaron alrededor de las fÔbricas, mientras el centro histórico perdía población en favor de la periferia. La urbanización desordenada trajo consigo desafíos: invasiones de terrenos, presión sobre servicios bÔsicos y una polarización espacial que aún persiste.
El siglo XXI ha estado marcado por la alternancia política, la globalización económica y crisis recurrentes. Tras décadas de hegemonía priista, el PAN gobernó el municipio de Puebla en varios periodos de los 2010s, con administraciones que impulsaron obra pública, imagen urbana y atracción de inversión extranjera directa (IED) en el sector automotriz y aeroespacial. Sin embargo, en elecciones recientes, Morena ha consolidado presencia, reflejando un cambio en las preferencias ciudadanas hacia agendas de inclusión social y crítica al modelo neoliberal. Esta alternancia ha generado tanto continuidad en políticas de infraestructura como tensiones en la gestión.La inversión extranjera, especialmente en el clúster automotriz (que representa alrededor del 37% del PIB estatal), ha sido un pilar. Empresas como Volkswagen, Audi (en San José Chiapa) y proveedores de autopartes han generado miles de empleos, pero también han acentuado desigualdades: salarios precarios en la cadena de suministro, dependencia de exportaciones a Estados Unidos y vulnerabilidad ante choques externos.
La pandemia de COVID-19 (2020-2022) representó uno de los golpes mĆ”s severos del siglo XXI. El municipio sufrió altas tasas de mortalidad, colapso parcial de servicios hospitalarios y un impacto devastador en la economĆ­a local. Las MiPyMEs —motor de la economĆ­a poblana— enfrentaron caĆ­das de ingresos superiores al 70% en muchos casos, cierres masivos y migración forzada al sector informal. La recuperación post-pandemia ha sido gradual, con Ć©nfasis gubernamental en apoyar a estas empresas mediante programas de digitalización, crĆ©ditos y formalización. Sin embargo, las brechas persisten: mientras el sector automotriz se recuperó relativamente rĆ”pido, el comercio y servicios tradicionales aĆŗn arrastran rezagos.
Socialmente, se han registrado avances en la reducción de la pobreza laboral, gracias a programas federales y estatales de transferencias y empleo temporal. No obstante, persisten profundas desigualdades territoriales: juntas auxiliares del norte y sur muestran mayores índices de marginación en comparación con zonas centrales y de reciente desarrollo. La participación vecinal a través de las juntas auxiliares se ha fortalecido formalmente, pero en la prÔctica muchas operan con limitados recursos y autonomía.
Políticamente, los conflictos por límites territoriales han sido recurrentes. Un caso emblemÔtico fue el de 2015 con Amozoc, resuelto mediante consulta ciudadana y decreto del Congreso del Estado que redistribuyó colonias (13 para Puebla y 9 para Amozoc). Estos litigios, herederos en parte del decreto de 1962, revelan la fragilidad de los límites en un contexto de expansión urbana descontrolada.En materia de seguridad, la percepción de inseguridad ha fluctuado, pero se mantiene alta en diversos periodos. Elecciones locales han girado en torno a este tema, con promesas de mÔs cÔmaras, policía cercana y coordinación intermunicipal que, en la prÔctica, enfrentan desafíos estructurales como el crimen organizado y la impunidad.
El Plan Municipal de Desarrollo 2024-2027 (“Puebla Capital Imparable”) marca el rumbo actual: Ć©nfasis en desarrollo sostenible, movilidad, inclusión social, fortalecimiento de MiPyMEs y recuperación económica verde. Busca alinear con planes estatal y nacional, priorizando infraestructura, medio ambiente y participación ciudadana. Sin embargo, crĆ­ticos seƱalan que persisten problemas históricos: desigualdad, presión urbana sobre recursos naturales y una brecha entre el discurso modernizador y la realidad de las juntas auxiliares mĆ”s marginadas.
En sĆ­ntesis, los hechos del siglo XX y XXI moldean un municipio dinĆ”mico, motor económico de la región, pero cargado de contradicciones. La anexión de 1962 dio territorio e impulso industrial, pero dejó heridas de identidad y equidad. La alternancia polĆ­tica, la globalización automotriz, la pandemia y los esfuerzos por la sostenibilidad configuran un presente complejo. Puebla avanza, sĆ­, pero con desigualdades que exigen no solo crecimiento, sino justicia territorial y social profunda. El reto del siglo XXI es convertir al “gigante pasivo” de su historia en un desarrollo verdaderamente inclusivo, donde el progreso no sea promesa incumplida para las periferias que alguna vez fueron municipios autónomos.

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