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EXPULSIÓN PARA NOROÑA EN EL CARDENAL

 EXPULSIÓN PARA NOROÑA EN EL CARDENAL


Redacción Carlos Charis
Allá iba Noroña, con toda su pompa de senador recién horneado, a meterse un desayuno decente en El Cardenal, como si Reforma fuera su sala. Huevos al gusto, café y un poco de realidad social de guarnición. Pero el pueblo que desayunaba ahí no estaba de humor para discursos.
Lo recibieron con una rechifla que le bajó los huevos a su lugar. Cubiertos golpeando, gritos, abucheos. Una sinfonía barata pero sincera. El tipo aguantó lo que pudo, hasta que entendió que esa mañana no le iban a dar ni los buenos días. Se levantó y se fue con la cola entre las patas, sin postre y con la cuenta pendiente.
Después, claro, vinieron las versiones oficiales: todo fue culpa de Calderón, que al parecer todavía mueve los hilos desde quién sabe dónde. Como siempre. Cuando la gente te manda a la chingada, nunca es culpa tuya. Siempre hay un fantasma neoliberal detrás.
Noroña se retiró con el eco de los abucheos todavía zumbándole en las orejas. Y el restaurante volvió a su rutina, como si nada. Porque a veces la gente, aunque esté comiendo, también tiene hambre de otra cosa.
Provechito, senador. La calle sigue siendo más honesta que el micrófono.

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