Un estudio que millones de mujeres necesitan conocer
Investigadores de las Universidades de Bangor y Aberdeen realizaron un experimento con mujeres voluntarias. Las fotografiaron primero sin maquillaje y luego con el maquillaje completo que ellas mismas elegirían para salir de noche. A partir de esas dos imágenes crearon una escala gradual de 21 fotografías que iban desde el rostro completamente natural hasta el maquillaje más intenso aplicado por cada participante.
Posteriormente, mostraron la escala a un grupo de hombres y mujeres y les pidieron que seleccionaran la versión que consideraban más atractiva. Los resultados fueron consistentes: tanto hombres como mujeres eligieron imágenes con entre un 30 % y un 40 % menos maquillaje del que las participantes habían usado originalmente.
El aspecto más relevante del estudio radica en la percepción errónea de ambos grupos. Las mujeres creían que los hombres preferían una cantidad mucho mayor de maquillaje. Al mismo tiempo, los hombres también pensaban que ellos mismos preferían niveles más altos. Ambos sexos se equivocaron al estimar las preferencias del otro.
Durante décadas se han construido estándares de belleza sobre suposiciones no verificadas. Las redes sociales han intensificado esta tendencia: filtros, tutoriales de contorno marcado, coberturas completas y looks cada vez más elaborados impulsan constantemente hacia “más”. Sin embargo, los datos del estudio indican que la preferencia real se sitúa en un punto intermedio, más cercano a lo natural.
El estudio no afirma que el maquillaje sea negativo ni que las mujeres deban usarlo o dejarlo según preferencias ajenas. Lo que revela es una desconexión clara entre lo que las personas creen que otros encuentran atractivo y lo que realmente atrae. El look más natural, que muchas evitan por inseguridad, puede ser precisamente el que genera mayor conexión visual para la mayoría.
Este hallazgo sugiere la importancia de cuestionar las normas construidas socialmente y de basar las decisiones personales en evidencia en lugar de suposiciones compartidas.
Posteriormente, mostraron la escala a un grupo de hombres y mujeres y les pidieron que seleccionaran la versión que consideraban más atractiva. Los resultados fueron consistentes: tanto hombres como mujeres eligieron imágenes con entre un 30 % y un 40 % menos maquillaje del que las participantes habían usado originalmente.
El aspecto más relevante del estudio radica en la percepción errónea de ambos grupos. Las mujeres creían que los hombres preferían una cantidad mucho mayor de maquillaje. Al mismo tiempo, los hombres también pensaban que ellos mismos preferían niveles más altos. Ambos sexos se equivocaron al estimar las preferencias del otro.
Durante décadas se han construido estándares de belleza sobre suposiciones no verificadas. Las redes sociales han intensificado esta tendencia: filtros, tutoriales de contorno marcado, coberturas completas y looks cada vez más elaborados impulsan constantemente hacia “más”. Sin embargo, los datos del estudio indican que la preferencia real se sitúa en un punto intermedio, más cercano a lo natural.
El estudio no afirma que el maquillaje sea negativo ni que las mujeres deban usarlo o dejarlo según preferencias ajenas. Lo que revela es una desconexión clara entre lo que las personas creen que otros encuentran atractivo y lo que realmente atrae. El look más natural, que muchas evitan por inseguridad, puede ser precisamente el que genera mayor conexión visual para la mayoría.
Este hallazgo sugiere la importancia de cuestionar las normas construidas socialmente y de basar las decisiones personales en evidencia en lugar de suposiciones compartidas.

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