¡Una afrenta al pueblo mexicano! La FIFA se lleva las ganancias y México paga la cuenta con el dinero de los más pobres.
Mientras millones de mexicanos luchan contra la inflación, los salarios de miseria y la falta de oportunidades reales, un gobierno anterior entregó a la FIFA un cheque en blanco fiscal. Una exención de impuestos que permite a una organización multimillonaria llevarse miles de millones de dólares sin contribuir ni un centavo al erario nacional, mientras el contribuyente común sigue cargando con todo el peso del sistema.
Fue en 2015, durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando México firmó un acuerdo leonino y entreguista: exención total y nacional de impuestos a la FIFA, sus subsidiarias, patrocinadores, proveedores y todas las actividades relacionadas con el Mundial 2026. Ingresos, utilidades, marketing, importaciones… todo libre de impuestos hasta 2028 en el acuerdo original. México fue el más generoso de los tres países anfitriones. Estados Unidos y Canadá, con mejor posición, negociaron condiciones mucho más limitadas. Peña Nieto, en cambio, entregó todo sin exigir reciprocidad real. Ese fue el acto de sumisión que hoy seguimos pagando.
El gobierno actual de Claudia Sheinbaum heredó este compromiso ya firmado. Aunque ha intentado limitar su alcance temporal recortándolo significativamente, no ha podido ni querido cancelarlo por completo, argumentando que perderíamos las sedes de Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México. Sin embargo, la responsabilidad principal y originaria de esta exención vergonzosa recae en el gobierno de Peña Nieto.
Nos siguen vendiendo el cuento de turismo, empleos y desarrollo. La realidad es que los beneficios son exagerados, temporales y se concentran en unos pocos, mientras la FIFA se lleva la mayor parte de las ganancias —derechos de televisión, patrocinios y marketing—. México asume los costos reales: infraestructura, seguridad y deuda pública. ¿Quién termina pagando? Siempre los mismos: los trabajadores, las familias humildes y los contribuyentes de a pie. Mientras suben los impuestos indirectos y se ajustan los presupuestos de programas sociales, la FIFA y sus socios operan en un paraíso fiscal temporal hecho a su medida.
Esta exención es un claro acto de desprecio a los más pobres de México. Mientras familias enteras batallan para pagar la luz, la comida y la escuela, los boletos del Mundial se venden en miles de dólares —inaccesibles para la mayoría— y la FIFA y sus multimillonarios socios no aportan nada al erario, se prioriza el glamour y los negocios de élites globales sobre las necesidades reales de la gente. Es el clásico esquema de socializar pérdidas y privatizar ganancias. Los de arriba se enriquecen más y los de abajo pagan la fiesta.
La exención fiscal al Mundial 2026 es el símbolo de un gobierno anterior que entregó soberanía económica a cambio de migajas de prestigio internacional. Aunque el gobierno actual no lo originó, mantenerlo refleja la continuidad de malas decisiones que siguen afectando a los más vulnerables. No puede ser que en México los de arriba tengan paraíso fiscal y los de abajo solo tengan promesas. El pueblo mexicano merece que se revise seriamente este tipo de acuerdos entreguistas del pasado. El Mundial no puede seguir siendo excusa para seguir cargando sobre las espaldas de los que menos tienen. México no debe seguir siendo la piñata fiscal de la FIFA.
¿O no lo cree usted?
El gobierno actual de Claudia Sheinbaum heredó este compromiso ya firmado. Aunque ha intentado limitar su alcance temporal recortándolo significativamente, no ha podido ni querido cancelarlo por completo, argumentando que perderíamos las sedes de Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México. Sin embargo, la responsabilidad principal y originaria de esta exención vergonzosa recae en el gobierno de Peña Nieto.
Nos siguen vendiendo el cuento de turismo, empleos y desarrollo. La realidad es que los beneficios son exagerados, temporales y se concentran en unos pocos, mientras la FIFA se lleva la mayor parte de las ganancias —derechos de televisión, patrocinios y marketing—. México asume los costos reales: infraestructura, seguridad y deuda pública. ¿Quién termina pagando? Siempre los mismos: los trabajadores, las familias humildes y los contribuyentes de a pie. Mientras suben los impuestos indirectos y se ajustan los presupuestos de programas sociales, la FIFA y sus socios operan en un paraíso fiscal temporal hecho a su medida.
Esta exención es un claro acto de desprecio a los más pobres de México. Mientras familias enteras batallan para pagar la luz, la comida y la escuela, los boletos del Mundial se venden en miles de dólares —inaccesibles para la mayoría— y la FIFA y sus multimillonarios socios no aportan nada al erario, se prioriza el glamour y los negocios de élites globales sobre las necesidades reales de la gente. Es el clásico esquema de socializar pérdidas y privatizar ganancias. Los de arriba se enriquecen más y los de abajo pagan la fiesta.
La exención fiscal al Mundial 2026 es el símbolo de un gobierno anterior que entregó soberanía económica a cambio de migajas de prestigio internacional. Aunque el gobierno actual no lo originó, mantenerlo refleja la continuidad de malas decisiones que siguen afectando a los más vulnerables. No puede ser que en México los de arriba tengan paraíso fiscal y los de abajo solo tengan promesas. El pueblo mexicano merece que se revise seriamente este tipo de acuerdos entreguistas del pasado. El Mundial no puede seguir siendo excusa para seguir cargando sobre las espaldas de los que menos tienen. México no debe seguir siendo la piñata fiscal de la FIFA.
¿O no lo cree usted?


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