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Micalco: Movilidad inteligente… o argumento sin frenos


Micalco: Movilidad inteligente… o argumento sin frenos

Cuando artículo que pedía estudios y no trajo ninguno

Rodolfo Herrera Charolet

 El artículo del diputado Rafael Micalco Méndez plantea algunas dudas sobre el uso de recursos públicos en proyectos de movilidad. Sin embargo, en varios momentos se le va la mano y termina cometiendo errores que le quitan fuerza a sus argumentos, como quien calienta el boiler pero termina bañándose a jicarazos.

Por ejemplo, en lugar de concentrarse en si el proyecto de los vehículos eléctricos cuenta o no con estudios técnicos, dedica buena parte del texto a cuestionar la forma en que el gobernador respondió a un periodista. Es como si alguien te preguntara si el carro tiene frenos y, en vez de revisar los frenos, te pusieras a criticar el tono de voz del dueño. Al final, el tema que realmente importa queda en segundo plano y la crítica pierde peso.
Otro error que comete es presentar las cosas como si solo existieran dos caminos: o el proyecto viene con todos los estudios perfectos desde el primer día, o se trata de una ocurrencia sin ningún orden. Esta forma de ver la realidad es muy cómoda, porque cualquier anuncio que no llegue acompañado de toda la documentación desde el minuto uno puede ser etiquetado de improvisado. La vida pública no siempre funciona en blanco y negro, y el artículo pasa por alto esa posibilidad.
También se nota cuando describe escenarios bastante pesimistas, como si el fin del mundo estuviera cerca, sugiriendo que los vehículos se quedarán tirados en los pueblos porque no habrá quién los repare. Suena grave, pero el texto no ofrece datos ni comparaciones reales con los problemas que ya enfrenta el transporte actual. Es como advertir que algo puede salir mal sin demostrar que sería peor que lo que ya tenemos.
Otro detalle es que afirma con seguridad que no existen estudios que respalden la compra de los vehículos. En realidad, lo que se sabe hasta ahora es que esos documentos no han sido hechos públicos. Decir que no existen solo porque uno no los ha visto es un brinco bastante grande. Queda como afirmar que un libro no existe porque todavía no lo has encontrado en la librería.
El artículo también usa el término “movilidad inteligente” como si fuera lo mismo que el proyecto de vehículos eléctricos. Sin embargo, “movilidad inteligente” suele referirse a sistemas que usan datos en tiempo real, semáforos conectados y aplicaciones que ayudan a moverse mejor por la ciudad. Olinia, en cambio, es básicamente un vehículo eléctrico más accesible. Presentarlos como si fueran lo mismo hace que la crítica suene más técnica y más amplia de lo que realmente es. Es como criticar un refrigerador nuevo porque no convierte toda la casa en una casa inteligente.
Por último, el texto comienza diciendo que nadie está en contra de la innovación, pero después casi todo lo que escribe busca poner en duda este proyecto en particular. Esa forma de empezar da la impresión de que la primera frase está ahí más por compromiso que por convicción real. Queda más claro cuando alguien reconoce que una idea puede tener algo positivo y luego explica con información qué hace falta para que funcione bien, en lugar de dar un paso adelante y dos hacia atrás.
En resumen, el diputado tiene derecho a cuestionar y a equivocarse, como cualquier persona. El problema no es que se equivoque, sino que varios de sus argumentos terminan restándole seriedad a sus propias observaciones.
¿O no lo cree usted?

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