En las entraƱas de la negligencia: familia atrapada en la Gruta de Chichicazapa mientras las autoridades “refuerzan” un rescate que nunca debió ser necesario
Cuetzalan, Puebla. — Otra vez las lluvias de temporada revelan lo que en Puebla se repite como un mal augurio: la precariedad de la supervisión turĆstica en zonas de alto riesgo y la improvisación con la que se enfrentan las emergencias.
Desde el martes 7 de julio, una familia —siete personas en total— quedó atrapada en la Gruta de Chichicazapa tras el sĆŗbito incremento del caudal del rĆo subterrĆ”neo provocado por las intensas precipitaciones que azotan la Sierra Norte.
Hasta la tarde de este 8 de julio, solo tres han sido rescatadas con vida. Cuatro mĆ”s —dos hombres y dos mujeres— permanecen incomunicados en el interior, en un entorno donde el agua no da tregua. Las autoridades estatales, a travĆ©s de la Coordinación General de Protección Civil, presumen ahora un “Sistema de Comando de Incidentes” y el refuerzo con buzos y rapelistas. Palabras tĆ©cnicas para enmascarar lo obvio: se actuó tarde. La gruta es conocida por su belleza y, tambiĆ©n, por su peligrosidad cuando llueve.
¿Dónde estaba la vigilancia?
¿ExistĆan protocolos reales de cierre temporal ante pronósticos de tormentas?
¿O, como es costumbre, se dejó entrar a los visitantes bajo la lógica del “hasta que pase algo”?
El operativo involucra a Protección Civil estatal y municipal, SecretarĆa de Seguridad PĆŗblica, SUMA, municipios vecinos y voluntarios. BernabĆ© López Santos supervisa en sitio. Se habla incluso de la posible llegada de espeleólogos. Todo muy heroico sobre el papel. Pero el drama de fondo es el mismo de siempre en estas regiones: se confĆa en la buena suerte y en la pericia de rescatistas de Ćŗltima hora mientras se promueve el ecoturismo sin las medidas mĆnimas de prevención.
Cuetzalan, joya turĆstica poblana, vive de sus grutas, cascadas y tradiciones. Pero esa belleza esconde una vulnerabilidad que las administraciones —estatales y municipales— han preferido ignorar una y otra vez. Cada temporada de huracanes y nortes deja el mismo saldo: personas en riesgo, operativos de emergencia y comunicados optimistas.
Mientras las familias de los cuatro atrapados esperan con la angustia que solo produce la incertidumbre, las autoridades “evalĆŗan condiciones” y “mantienen comunicación”. Frases que suenan a rutina administrativa mĆ”s que a respuesta contundente ante una tragedia evitable.La Sierra Norte de Puebla no perdona la improvisación. Y esta vez, como en ocasiones anteriores, la factura la estĆ”n pagando civiles que solo buscaban un paseo en medio de la naturaleza. Seguimos informando. Porque en Proceso no se conforman con los boletines oficiales.


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