¡Se va! ¡Se
va!… pero no se fue
Puebla no debe depender
de una sola armadora
Rodolfo Herrera
Charolet
Volkswagen no se fue de Puebla. Tampoco se conoce
una decisión empresarial documentada de cerrar su planta. Sin embargo, los
aranceles estadounidenses, la contracción de exportaciones y la
reestructuración internacional de la industria automotriz obligan a preguntarse
cuánto cuesta conservar una armadora y qué tan preparada está la economía
poblana para depender menos de ella.
El 28 de octubre de 2026, Volkswagen de México y
su sindicato concluyeron la revisión contractual con un incremento global
anunciado del 8.24 por ciento: 4.4 por ciento directo al salario, 0.25 puntos
porcentuales adicionales al fondo de ahorro y un pago único de 12 mil pesos,
equivalente al 3.59 por ciento restante del paquete negociado. El acuerdo, con
vigencia de doce meses y efectos retroactivos al 18 de agosto, obtuvo 3 mil 890
votos favorables, mil 493 contrarios y 20 nulos. Se evitó la huelga, aunque los
mercados internacionales no necesariamente tienen la misma disposición para
negociar.
En Europa, Volkswagen terminó la producción de
vehículos en Dresde el 16 de diciembre de 2025, después de 24 años. Audi cerró
su planta de Bruselas el 28 de febrero de ese año y descontinuó el Q8 e-tron,
sin que exista evidencia de un traslado de ese modelo a México. El grupo
también enfrenta ajustes de capacidad y empleo en Alemania. Son antecedentes de
una transformación industrial, no anuncios de salida de Puebla.
La presión inmediata proviene de Estados Unidos.
Desde abril de 2025, la administración Trump estableció un arancel adicional
del 25 por ciento a vehículos importados. Conforme a las disposiciones
estadounidenses de la Sección 232, los automóviles elegibles bajo el T-MEC
pueden obtener autorización para aplicar ese gravamen exclusivamente al valor
de su contenido no estadounidense. Así, un vehículo con 60 por ciento de
contenido estadounidense reconocido tendría un arancel equivalente al 10 por
ciento de su valor aduanero. Es un ejemplo, no una tasa comprobada para
Volkswagen Puebla.
Según el Registro Administrativo de la Industria
Automotriz de Vehículos Ligeros del INEGI, durante septiembre de 2026 México
produjo 301 mil 803 vehículos y exportó 277 mil 369, disminuciones aproximadas
del 15 y 12 por ciento respecto del mismo mes de 2025. Entre enero y
septiembre, la producción acumulada cayó 2.4 por ciento. Los aranceles elevan
costos y afectan márgenes comerciales, pero no existe una estimación causal
verificable que permita atribuirles un porcentaje específico de la contracción.
También intervienen demanda, inventarios, financiamiento y cambios de modelos.
En Volkswagen Puebla, las exportaciones del Jetta
disminuyeron 43.7 por ciento y las del Tiguan 34.8 por ciento durante julio, en
comparación con el mismo mes del año anterior. El 28 de agosto la empresa
confirmó la supresión indefinida de uno de los tres turnos dedicados a esos
vehículos, aunque ambos modelos continúan fabricándose. Reducir turnos,
disminuir personal y cerrar una planta son situaciones distintas. Las primeras
tienen antecedentes; la última no constituye una decisión acreditada.
Mientras tanto, Puebla mantiene una relación
fiscal favorable con la armadora. Los antecedentes de apoyos industriales se
remontan a 2012, aunque deben distinguirse los instrumentos relacionados con
Volkswagen de los convenios específicos para Audi. El Gobierno estatal confirmó
que el acuerdo fiscal firmado en febrero de 2024 tiene vigencia prevista hasta
2034 y establece estímulos vinculados al Impuesto sobre Nómina y a la
generación de empleos.
En 2025 se reportaron más de 185 millones de
pesos en beneficios y durante 2026 otros 155 millones: más de 340 millones en
dos ejercicios. Se trata de estímulos tributarios, no necesariamente de
transferencias directas. Lo que todavía no se conoce mediante una evaluación
pública integral es la relación entre esos beneficios, las inversiones
comprometidas, los empleos efectivamente preservados y los resultados de los
convenios anteriores.
¿Cuánto ha recibido
Volkswagen en estímulos desde 2012, qué obligaciones asumió, cuáles cumplió y
qué autoridad verificó los resultados?
Para responder a esta pregunta se requiere
conocer los convenios originales, modificaciones, montos fiscales desglosados,
plantillas laborales, informes de cumplimiento y evaluaciones oficiales.
También debe determinarse si los ajustes de personal modifican los beneficios
conforme a las cláusulas pactadas. No hay elementos suficientes para afirmar
incumplimientos; tampoco basta con que la fábrica siga operando para acreditar
todas sus obligaciones adquiridas.
El gobernador Alejandro Armenta ha insistido en
diversificar la economía poblana. Pero empleo y dependencia económica no son
equivalentes. Aunque la mayoría de los trabajadores se ocupe fuera de las
armadoras, el sector automotriz puede concentrar una parte considerable de las
exportaciones, inversiones manufactureras y demanda de proveedores. Una
economía puede tener muchos patrones y depender de unos cuantos clientes.
Diversificar no significa expulsar a Volkswagen
ni a Audi, sino fortalecer agroindustria, textiles, calzado, tecnología,
turismo y pequeñas empresas. También implica facilitar que los proveedores
automotrices encuentren otros mercados. Los incentivos públicos podrían
favorecer capacitación, innovación y nuevas cadenas productivas, sujetos a
resultados medibles. El problema no es apoyar a una empresa, sino convertir ese
apoyo en una obligación casi hereditaria del erario.
La responsabilidad ambiental tampoco debe quedar
fuera. La industria automotriz consume agua y energía, emplea sustancias
químicas y genera residuos y descargas sujetos a regulación. La cuenca del río
Atoyac presenta contaminación documentada por actividades urbanas e
industriales. El 24 de agosto de 2026, la Profepa informó la clausura temporal
parcial de una descarga del organismo operador de Cuautlancingo, tras detectar,
entre otras irregularidades, falta de acreditación de tratamiento previo
conforme a la NOM-001-SEMARNAT-2021.
Ese procedimiento no acredita responsabilidad
ambiental de Volkswagen. Determinarla exigiría inspecciones, análisis de
descargas y resoluciones específicas. La empresa reporta acciones de
reutilización y tratamiento de agua, pero sus declaraciones de sostenibilidad
tampoco sustituyen la supervisión independiente. Los beneficios fiscales no
conceden excepciones ambientales y el saneamiento del Atoyac exige
responsabilidades comprobadas de empresas, organismos operadores y autoridades.
Puebla necesita inversión y empleo, pero también
transparencia fiscal, cumplimiento contractual, protección ambiental y
alternativas productivas. Cada estímulo representa recursos públicos cuyo
beneficio debe acreditarse y compararse con otras necesidades sociales y
económicas.
Volkswagen no se fue. Sus trabajadores alcanzaron
un acuerdo, la planta continúa operando y los incentivos permanecen. Los
ajustes productivos ya ocurrieron; nuevas reducciones de empleo constituyen un
riesgo, pero el cierre de la planta no es una decisión acreditada.
La pregunta no es solamente cuánto costaría que
Volkswagen se fuera, sino cuánto cuesta depender de que nunca se vaya.
La planta sigue aquí.
Lo que Puebla necesita es que su futuro no dependa de que permanezca para
siempre.
¿O no lo cree usted?
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