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Otra mañana, el mismo camión

Otra mañana, el mismo camión


El camión T142 de la ruta 6A llega puntual al caos, como cada día. Son las 8:45 de la mañana frente al estadio Cuauhtémoc y un muchacho al volante recoge pasaje como quien recoge costumbre. Uno de cada diez pasajeros usa su tarjetita. El resto, sube como puede: por atrás, por abajo del “tornillo”, como si fuera una coreografía sin coreógrafo.

Las monedas caen directo a su mano o a una mochilita que ya pide auxilio. Rebosa. Casi sangra metal. No hay corte, no hay control. Solo confianza, o resignación.

Esto se reportó la mañana del 23 de junio de 2025. Y pasa todos los días. Todos.

¿Hay moche? ¿Nadie ve? ¿O acaso todos saben y nadie dice nada?
Quizá el conductor no cobra, solo conduce y entrega cuentas a su patrón, al dueño de la unidad.

Y mientras tanto, el gobierno —ese espectador silente— sigue subsidiando el negocio privado con dinero público, mirando hacia otro lado, diciendo “eso no me toca”.

Al final, no es que el sistema falle. Así está hecho.
Y el desfalco viaja sentado, como otro pasajero más.

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