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Tipos del poder: El devoto de la nómina


Tipos del poder: El devoto de la nómina

Por Carlos Charis
18 de octubre de 2025

El devoto de la nómina cree en el gobierno como otros creen en los milagros: sin cuestionar, con los ojos cerrados y la mano extendida. Su religión es el pago quincenal, su santuario, la lista de asistencia. No sabe muy bien qué hace su dependencia —ni le interesa—, pero todos los lunes está puntual, café en mano, para fichar a las 8:00 am y desaparecer a las 8:05.

Habla del “servicio público” como si fuera una cruzada sagrada, aunque su verdadera vocación es sobrevivir sexenio tras sexenio sin mover un dedo que no sea para sellar papeles.

Sabe distinguir los vientos del poder con el olfato. Cuando cambian los jefes, cambia de discurso. Cuando hay elección, ya está en los mítines. Cuando hay despidos, ya tiene padrino. Su capacidad de adaptación es la de una iguana con plaza de base.

El devoto de la nómina no roba —porque no lo necesita—, pero se lleva papel bond, tóner y tiempo ajeno como quien respira. Su lealtad no está con el pueblo ni con la ley, sino con el sistema que le sigue pagando.

Y si un día se lo encuentra en la calle, le dirá que trabaja “en gobierno”, con tono orgulloso, como quien dice “soy del Vaticano”. Pero si le pregunta qué hace exactamente, le dirá: “lo que se necesite”.

Y eso, en su mundo, lo justifica todo.

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