Amor a la Naranja
Crónica de una precampaña equivocada
Rodolfo Herrera Charolet
En la política mexicana es común que los candidatos
utilicen fotografías familiares para humanizarse y conectar con el electorado.
Sin embargo, lo que debería ser un gesto de cercanía suele degenerar en un
circo mediático donde las estrategias virales desplazan a los debates serios y
las propuestas concretas.
En 2021, el abogado José Elías Medel Galindo llevó esta
práctica al extremo. Registrado como precandidato a diputado local por
Movimiento Ciudadano en San Martín Texmelucan, Puebla, convirtió a su hija de
11 años —a quien llamaba públicamente su “novia eterna”— en el principal
elemento de su campaña.
Lejos de transmitir ternura, sus publicaciones desataron un
escándalo: besos en la boca, mensajes románticos llamándola “princesa” como en
un San Valentín perpetuo, e imágenes en la cama cuyo encuadre y apariencia
generaron rechazo inmediato y fundadas sospechas.
Lo que muchos políticos anhelan —volverse virales— se
convirtió para él en un daño irreparable. No pasó a la historia por ideas
legislativas, sino por exponer a su hija de formas que cruzaron todos los
límites éticos y, posteriormente, legales.
Todo el material provenía de sus propias redes.
No hubo filtraciones: eran publicaciones voluntarias con
dedicatorias explícitas (“Nada mejor que despertar y recitar poesía con mi
hija” o celebrar el 14 de febrero “con quien me da amor verdadero”).
Movimiento Ciudadano actuó con rapidez y canceló su registro.
El DIF presentó denuncia y la Fiscalía General del Estado intervino. La menor
quedó bajo protección mientras Medel Galindo hablaba de “campaña de
desprestigio”.
En un país marcado por la impunidad, las redes sociales
cumplieron un rol decisivo: visibilizaron el caso y presionaron para que las
autoridades actuaran. Miles de personas exigieron investigación, dejando claro
que ciertos comportamientos no merecen la etiqueta de “cariño paternal”.
El caso no quedó en redes. En junio de 2024, José Elías Medel
Galindo fue sentenciado a 12 años de prisión por violación equiparada,
corrupción de menores y delitos de explotación sexual. La Fiscalía comprobó que
suministraba medicamentos a su hija de 11 años para dormirla y abusar de ella.
Este caso no es aislado. En Puebla, el abuso sexual
intrafamiliar contra niñas, niños y adolescentes es un problema estructural.
Organizaciones como JUCONI y REDIM han documentado incrementos preocupantes en
la violencia sexual contra menores, mientras que el INEGI señala que en cerca
del 67 % de los casos de violencia sexual infantil a nivel nacional, el agresor
es un familiar cercano.
Estas cifras revelan una realidad incómoda: muchos abusos
nunca se viralizan, pero dejan cicatrices permanentes.
Al final, José Elías Medel Galindo no solo destruyó su
carrera política: expuso la fragilidad de un sistema donde el morbo y la
impunidad compiten con la protección real de la infancia. Su caso debería
servir como espejo incómodo para toda la clase política mexicana: el verdadero
liderazgo no se construye explotando la imagen de un hijo, sino protegiéndolo.
Mientras algunos siguen confundiendo cariño con posesión,
miles de niñas y niños en México siguen esperando que las instituciones —y la
sociedad— dejen de llegar tarde.
Porque el verdadero amor paternal no busca likes. Se
demuestra en silencio, con respeto y, sobre todo, con límites.
¿O no lo cree usted?


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