El Evangelio de Juan relata que Jesús resucitó a Lázaro de Betania cuatro días después de su muerte, pero no menciona nada sobre su vida posterior ni sobre cuándo falleció por segunda vez. El Nuevo Testamento guarda silencio absoluto al respecto.
Lázaro aparece brevemente después de su resurrección (Juan 12), pero luego desaparece de los relatos bíblicos. Según la tradición cristiana oriental (principalmente ortodoxa y presente en Chipre), Lázaro huyó de Judea junto con sus hermanas Marta y María debido a las persecuciones.
Se estableció en la isla de Chipre, donde San Pablo y San Bernabé lo nombraron primer obispo de Kition (actual Larnaca). Allí vivió aproximadamente 30 años más y murió de causas naturales alrededor del año 63 d.C., a la edad de unos 60 años. Su tumba se conserva en la Iglesia de San Lázaro en Larnaca.
En la tradición occidental (católica latina y leyendas francesas), Lázaro habría viajado a la Galia (actual Francia) con sus hermanas para predicar el Evangelio. Se le identifica como primer obispo de Marsella y habría sido martirizado (decapitado) durante la persecución del emperador Domiciano, aunque sin una fecha precisa. Esta versión es considerada más legendaria.
En ambos casos, las fuentes coinciden en que Lázaro volvió a morir de forma natural o por martirio años después de su resurrección temporal. Su segundo fallecimiento fue definitivo en esta vida, a la espera de la resurrección final prometida por Cristo. La ausencia de detalles en la Escritura enfatiza el propósito del milagro: demostrar que Jesús es “la resurrección y la vida” (Juan 11:25), más que proporcionar una biografía completa de Lázaro. Las tradiciones posteriores sirven para enriquecer la devoción, pero no forman parte del texto bíblico canónico.
JUAN 11:38-54
LA RESURRECCIÓN DE LÁZARO
EL SANEDRÍN PLANEA MATAR A JESÚS
Después de encontrarse con Marta y María cerca de Betania, Jesús va con ellas a la tumba de Lázaro, que es una cueva con una gran piedra que tapa la entrada. Una vez allí, ordena: “Quiten la piedra”. Marta no sabe lo que quiere hacer Jesús y expresa su preocupación: “Señor, ya debe oler mal, porque han pasado cuatro días”. Pero él le pregunta: “¿No te dije que si creías podrías ver la gloria de Dios?” (Juan 11:39, 40).
Así que quitan la piedra. Entonces Jesús levanta la mirada al cielo y hace una oración: “Padre, te doy las gracias por haberme escuchado. Yo sé que tú siempre me escuchas, pero lo digo por la multitud que me rodea, para que crean que tú me enviaste”. Jesús ora en público para que los presentes sepan que lo que va a hacer se debe al poder de Dios. Después, grita con fuerza: “¡Lázaro, sal!”. Y Lázaro sale. Tiene las manos y los pies atados con vendas y la cara envuelta con una tela. Jesús dice: “Quítenle las vendas y dejen que se vaya” (Juan 11:41-44).
Muchos judíos que han venido a consolar a María y a Marta ven este milagro y ponen su fe en Jesús. Pero otros van adonde los fariseos y les cuentan lo que él ha hecho. Entonces, los fariseos y los sacerdotes principales reúnen al Sanedrín, el tribunal supremo judío. Uno de sus miembros es el sumo sacerdote, Caifás. Algunos se quejan y dicen: “¿Qué vamos a hacer? Porque este hombre hace muchos milagros. Si dejamos que siga así, todos pondrán su fe en él y los romanos vendrán y nos quitarán tanto nuestro lugar santo como nuestra nación” (Juan 11:47, 48). Ellos saben que Jesús “hace muchos milagros” porque se lo han contado personas que los han visto con sus propios ojos. Sin embargo, no se alegran por todo lo que Dios está realizando mediante Jesús. Lo que más les preocupa es mantener su propia posición y autoridad.
La resurrección de Lázaro es un duro golpe para los saduceos, pues ellos no creen en la resurrección. Caifás, que es saduceo, toma la palabra: “Ustedes no entienden nada. No se dan cuenta de que les conviene que muera un solo hombre por el pueblo y no que toda la nación sea destruida” (Juan 11:49, 50; Hechos 5:17; 23:8).
Caifás no menciona esto porque sea idea suya, sino que, como es el sumo sacerdote, Dios hace que sea él quien pronuncie esa profecía. En realidad, lo que Caifás propone es dar muerte a Jesús para impedir que siga debilitando la autoridad y la influencia de los líderes religiosos judíos. Sin embargo, la profecía de Caifás indica que Jesús, mediante su muerte, ofrecería un rescate no solo por los judíos, sino por todos “los hijos de Dios que estaban esparcidos” (Juan 11:51, 52).
Al final, Caifás logra que el Sanedrín busque la manera de matar a Jesús. Pero, como ya vimos, un miembro del Sanedrín llamado Nicodemo siente simpatía por Jesús. ¿Le advertirá de estos planes? Sea como sea, Jesús se aleja de Jerusalén y así evita que lo maten antes del momento fijado por Dios.


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