Puebla, Pue. a 20 de julio de 2026
El circo legislativo de Puebla: 2,214 iniciativas presentadas y solo el 15% aprobadas. Micalco, Huerta y Grace, los grandes estériles del Congreso
Puebla, 20 de julio de 2026Mientras el Congreso local presume “actividad legislativa” al presentar más de dos mil doscientas iniciativas, la realidad es devastadora: apenas 335 (el 15.13%) han sido aprobadas. El resto —casi 1,880— duerme el sueño eterno en las comisiones, convertidas en cementerio de buenas intenciones, ocurrencias electoreras y pura demagogia parlamentaria. En este teatro de la ineficiencia, tres nombres destacan por su improductividad estrepitosa, casi ofensiva para los ciudadanos que supuestamente representan: Rafael Micalco, Julio Huerta y Grace Palomares. Tres diputados que encarnan como pocos la parálisis, la mediocridad y el ninguneo sistemático que padece la LXII Legislatura.
Rafael Micalco, el más patético del trío, se corona como el campeón absoluto de la inutilidad legislativa. Presentó 29 iniciativas y no logró que le aprobaran ni una sola. Cero. Ninguna. Un diputado fantasma que ocupa curul, cobra sueldo y viáticos, pero cuya huella en la legislación poblana es tan invisible como su capacidad política. En la reciente comparecencia del coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, sobre el Cablebús, Micalco fue humillado públicamente: el funcionario le recordó con sorna los desastres de infraestructura del morenovallismo (Museo Barroco y Teleférico), dejando al panista sin argumentos y convertido en meme viviente de la oposición impotente. La ciudadanía no dudaría en otorgarle un merecido "huevo de oro".
Julio Huerta, el ex secretario de Gobernación de Barbosa y Salomón, cayó del Olimpo del poder a la fosa de la irrelevancia más absoluta. Logra según la ciudadanía el "huevo de plata", de 77 iniciativas presentadas, solo siete fueron aprobadas. Un raquítico 9.09% de efectividad. El hombre que antes movía hilos desde la Secretaría de Gobernación ahora no mueve ni un dictamen en comisiones.
Cuando un diario local intentó cuestionarlo sobre su pobre desempeño, Huerta huyó como niño regañado con un lacónico “cuídate, cuídate”. Patético. De operador político fuerte a legislador de cartón, Huerta simboliza el deterioro de Morena: del discurso transformador a la más absoluta esterilidad parlamentaria.
Y Grace Palomares, la “diputada de territorio”, cierra el podio de la ineficacia con apenas cuatro iniciativas aprobadas de 66 presentadas. Un 6.06% de productividad que ni sus compañeros de bancada logran justificar más allá de frases vacías sobre “estar cerca de la gente”.Por mucho ella logra según e pueblo de su territorio un merecido "huevo de bronce". Traducción: presenta iniciativas populacheras para la galería, pero ninguna prospera. Su paso por el Congreso es tan intrascendente que parece diseñada para confirmar que en Puebla ser “diputado territorial” es sinónimo de relleno legislativo o utiliza el foro como pasarela de modas, como de disfraces.
Este Congreso no legisla: fabrica papel.
La oposición (PAN y PRI) está aún peor que otras legislativas, convertida en comparsa ornamental. Mientras tanto, problemas reales —seguridad, salud, transporte, agua, feminicidios— siguen sin respuestas legislativas serias. Micalco, Huerta y Grace no son excepciones: son el espejo fiel de una clase política mediocre, pagada con dinero público para simular que trabaja.
Tres nombres que pasarán a la historia local no por reformas trascendentes, sino por encarnar la improductividad más descarada de los últimos años. En Puebla, el Congreso no está al servicio del pueblo. Está al servicio de la simulación. Y mientras estos diputados sigan cobrando por no producir, la ciudadanía seguirá pagando la factura de su inutilidad.


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