El feminicidio 29 en Puebla: Una abuela de 78 años violada y asesinada por defender a su nieta parapléjica
Huaquechula, Puebla, 20 de julio de 2026
En una de las entidades más sanguinarias para las mujeres en México, donde el machismo y la impunidad caminan de la mano, se registró un nuevo horror que debería avergonzar a toda la clase política poblana: Gloria Tlamanalco Castillo, una anciana de 78 años, fue violada y asesinada la noche del sábado 18 de julio en la comunidad de Soto y Gama, mientras intentaba proteger a su nieta de 25 años, una joven parapléjica, de una agresión sexual.
Esto no es solo un crimen. Es la síntesis brutal de la violencia machista que devora Puebla: un hombre —presuntamente ya identificado por la comunidad— entra a una casa donde habitan dos mujeres solas y vulnerables, agrede sexualmente a una joven con discapacidad que ya había sufrido maltrato previo (según versiones de vecinos, por parte de su padrastro), y al encontrarse con la resistencia heroica de una abuela octogenaria, la viola y la mata.
La escena que encontraron los familiares la mañana del domingo es dantesca: Gloria sin vida, su nieta en crisis nerviosa y un silencio cómplice en una comunidad que, extraoficialmente, señala al agresor como un sujeto con antecedentes de robos y otros delitos. Hasta el cierre de esta edición, la Fiscalía General del Estado —la misma que presume avances en materia de género— no ha informado de ninguna detención.
Este es el feminicidio número 29 en lo que va del año en Puebla, según el conteo de activistas y medios locales. Un número que ya no escandaliza a las autoridades porque se ha vuelto rutina. Mientras gobernadores y presidentes municipales emiten comunicados vacíos de “condena enérgica” y “coordinación con las instancias”, las mujeres siguen siendo violadas, torturadas y asesinadas en sus propias casas, especialmente si son pobres, ancianas o discapacitadas.
La nieta de Gloria no solo vive con paraplejia: vivía bajo el cuidado de su abuela porque, al parecer, ni el Estado ni la familia extendida le ofrecieron protección real. Ahora queda huérfana de su principal defensora, con el trauma añadido de la violación y el asesinato frente a sus ojos. ¿Quién responderá por ella?
En Puebla la violencia contra las mujeres ya no es un problema de seguridad: es un problema de impunidad estructural. Una impunidad que permite que agresores sexuales y feminicidas sigan libres mientras las autoridades se dedican a presumir operativos mediáticos y estadísticas maquilladas.
Gloria Tlamanalco murió como heroína anónima, defendiendo lo poco que le quedaba: su nieta. El Estado poblano, en cambio, sigue actuando como cómplice pasivo. Hasta que no haya detenciones inmediatas, sanciones ejemplares y un verdadero plan de emergencia contra los feminicidios, estos crímenes seguirán siendo apenas un número más en la larga lista de la vergüenza mexicana.


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