Artemio se dice no político pero ya gobernó 9 años un municipio
“No soy político, me gusta la política”, afirmó Artemio Hernández Garrido durante la toma de protesta del Comité Municipal de Nueva Alianza en Huauchinango. La frase, pronunciada ante militantes y dirigentes, buscaba quizá humanizar el acto y generar empatía. Sin embargo, resulta difícil de sostener cuando se revisa su trayectoria: el mismo hombre que dice no ser político gobernó nueve años un municipio.
Hernández Garrido fue presidente municipal de Chiconcuautla en tres ocasiones, uno de los ayuntamientos con mayores índices de pobreza de Puebla. Gobernó de 2005 a 2008, regresó en 2018 (tras un polémico recuento de votos) y obtuvo la reelección en 2021, permaneciendo en el cargo hasta octubre de 2024. Militó durante años en el PRI, partido del que renunció públicamente el 10 de enero pasado, argumentando su desacuerdo con la dirigencia nacional de Alejandro Moreno Cárdenas. En las últimas semanas se le ha visto en reuniones con diversos grupos sociales, especialmente comparsas carnavaleras de Huauchinango, aunque él insiste en que asiste solo “como cualquier ciudadano”.
La contradicción es evidente. La política no es un pasatiempo ni un interés casual para quien ha ejercido el poder ejecutivo municipal durante casi una década, ha competido en múltiples procesos electorales —incluso contra su propio primo, Noé Garrido Hernández— y ahora encabeza la formación de un comité municipal de Nueva Alianza con miras al 2027.
Nueva Alianza y los movimientos rumbo a 2027
El acto del fin de semana en Huauchinango confirma que Nueva Alianza ya activó su estructura en la región. La presencia del dirigente estatal, Emilio Salgado Néstor, y la conformación del comité municipal no fueron improvisadas: forman parte de una estrategia clara para reorganizar cuadros, atraer militantes y posicionarse de cara al próximo ciclo electoral.
Reorganizarse y construir bases es un derecho legítimo de cualquier partido. Lo que genera dudas es la pretensión de presentar estos movimientos como algo ajeno o meramente “simbólico”. Cuando un exalcalde con nueve años de experiencia al frente de un municipio lidera la construcción de una estructura partidista, difícilmente puede catalogarse como un simple aficionado a la política.
Rumores, transparencia y responsabilidad
El evento también provocó comentarios en redes sobre una posible participación del Ayuntamiento de Huauchinango en su organización. Hasta ahora no hay información oficial que confirme o desmienta estas versiones. En política local, donde los recursos públicos y los intereses partidistas suelen entrecruzarse, el silencio solo alimenta especulaciones. La transparencia no es un favor, es una obligación mínima con la ciudadanía.
Artemio Hernández y Nueva Alianza tienen pleno derecho a organizarse y competir. Lo que la sociedad exige, sobre todo en municipios como Huauchinango y Chiconcuautla, es coherencia entre el discurso y los hechos. Decir “no soy político” mientras se construye un comité electoral con miras a 2027 genera más escepticismo que cercanía.
La política no es mala en sí misma. Se vuelve cuestionable cuando se ejerce con simulaciones o con falta de claridad. Quienes, como Hernández Garrido, han dedicado casi una década de su vida al servicio público y deciden continuar en la actividad partidista, deberían asumirla con todas sus consecuencias: sin eufemismos, con responsabilidad plena y con la rendición de cuentas que la ciudadanía cada vez reclama con mayor fuerza.
El acto en Huauchinango puede ser solo el primer movimiento visible de un proceso que se extenderá hasta 2027. Su éxito dependerá menos de frases para romper el hielo y más de la consistencia, la honestidad intelectual y la capacidad real para ofrecer propuestas serias a la ciudadanía.


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